
este año no me ha dado lecturas placenteras, aunque tengo todavía una serie de libros por leer y que esperan bajo mi cama. y fue así, un poco derrotado, leyendo por la curiosidad, por el oficio, porque es parte de todo, pero sin mayores placeres, que me crucé con Millet . tengo varios libros de cuentos, pero como uno es lo que come y escribe lo que lee, estos con los que tengo certeza de placer van a tener que esperar. las novelas tienen el defecto de ser una sola apuesta, de que si está mal la idea, está mal todo. en cambio, en los cuentos, son varias las apuestas y, en alguna de las puertas mágicas, puedo encontrar aquello que necesito del mundo. por eso, encontrar una buena novela es encontrarse con un buen escritor, encontrarse con alguien a quien seguirás por los siglos de los siglos, eso me acaba de suceder con El gusto de las mujeres feas de Richard Millet (estruendomudo, 2007). El escritor plantea la historia de un feo, cosa que no debería sorprender a nadie porque siento que todos sabemos que, de este mundo, el feo es rey. lo cual es un alivio para nosotros los feos, los que caminamos por las veredas sabiendo que no vamos a protagonizar una historia de amor en una película norteamericana, ni que seremos los próximos modelos para una gigantografía que promociona alguna marca de ropa a venderse en una tienda por departamentos. Millet va más allá. observa el interior del feo, lo lleva hasta el extremo del cuestionamiento, de cuánto puede afectar en las decisiones de vida el saberse feo, la conciencia de no acercarse a lo que se espera: el personaje-narrador pregunta, a la tenue edad de 8 años: ¿mamá, soy feo? se lo pregunta a su hermana, a cuanta persona tenga cerca. ¿te imaginas? ser un niño con la certeza de la fealdad, con el designio eterno de la fealdad. y es allí cuando comienza a el título a tomar forma, porque el título es: El gusto de las mujeres feas; no es El gusto por las mujeres feas. es él quien gusta a las mujeres feas, defectuosas, criticables desde alguna perspectiva. el análisis de que significa ser feo es despiadado, no tienen ningún tipo de vergüenza y parece siempre objetivo. no es una historia de final feliz, no de final triste; pienso que es una de crecimiento, aquella en la que Richard Millet utiliza todas sus armas para poder sostenerla, mantener la tensión página tras página y sorprender con la agudeza de su pensamiento.





